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Los hermanos Ameguino
Florentino fue, sin duda, el primer paleontólogo
argentino reconocido internacionalmente. Pero su prolífica
obra no habría sido posible sin la estrecha colaboración
y los viajes de su hermano Carlos.
Florentino Ameghino (1854-1911)
Florentino
Ameghino nació en Luján, provincia de Buenos
Aires, el 18 de setiembre de 1854 según la mayoría
de sus biógrafos y familiares, o en Tessi, fracción
de Moneglia, Italia, el 19 de setiembre de 1853, como sostienen
algunos investigadores basados en una partida de nacimiento
mostrada por la Iglesia, a nombre de Juan Bautista Fiorino
José Ameghino. La misma podría haber pertenecido
a un hermano mayor fallecido durante la larga travesía
desde Italia, pues los familiares afirmaban que los padres
de Ameghino, Antonio Ameghino y María Dina Armanino,
llegaron al país sin hijos.
Los primeros años de Ameghino tuvieron como panorama
habitual las barrancas del río Luján en las
cuales halló gran cantidad de restos fósiles
y pronto la gente lo apodó ¨el loco de los huesos¨.
Exploró las mismas barrancas en las que varios años
antes había trabajado el Doctor Francisco Xavier Thomás
de la Concepción Muñiz (1795-1871). Hizo sus
primeros estudios en medio de la mayor pobreza, situación
que no cambió demasiado a lo largo de su vida. Tenía
tan sólo 14 años cuando leyó las obras
de Darwin y Lyell. Leía en castellano, italiano y francés,
este último idioma lo aprendió de la mano del
Señor Tapie y de su maestro, el director de la Escuela
Municipal de Mercedes, Carlos D’Aste. El francés
en particular le permitió acceder a los últimos
descubrimientos científicos de la época. A los
16 años fue designado preceptor en la escuela número
2 “General San Martín” de Mercedes, donde
luego ocupó el cargo de director.
A los 21 años de edad publicó dos artículos
en dos diarios locales y para octubre de 1875 logró
que en la revista parisina Journal de Zoologie le publique
los tres principales párrafos de una carta que le envió
a Gervais comentando los resultados obtenidos. Por esos tiempos
también le era otorgado un premio en la Primera Exposición
Científica de Buenos Aires.
Viaje por Europa
En 1878 viajó a Europa y allí exhibió
su colección paleontológica en la Exposición
Universal de París, donde fue la admiración
de los científicos más importantes de su época
y obtuvo el reconocimiento que en Argentina se le negó.
A los 23 años, en 1877, publicó: Antigüedades
indias en la Banda Oriental y dos años más tarde
tuvo una gran actuación en el Congreso de Americanistas
de Bruselas. En 1880 aparecieron sus obras tituladas: Los
mamíferos fósiles de la América Meridional,
en colaboración con Gervais, y La Formación
Pampeana.
Durante su estadía en Europa, Ameghino se vio obligado
a vender una colección de fósiles a ciento veinte
mil francos y con una parte de ese dinero publicó:
La antigüedad del hombre del Plata (primera edición
1880-1881). Muchos de los fósiles que integraron esa
colección fueron adquiridos por el famoso y acaudalado
paleontólogo americano Cope. A tres años de
su partida, regresó al país consagrado por la
opinión de los más distinguidos naturalistas
y casado con la joven parisina Leontina Poirier, pero tan
pobre como partió. Como si fuera poco, a su llegada
se encuentra que lo habían desplazado de su cargo de
director de la escuela de Mercedes. Al gran científico
que representó con honores a nuestro país ni
siquiera le conservaron su puesto de trabajo. Fue entonces,
en 1882, cuando no tuvo más remedio que dedicarse al
comercio e instaló una pequeña librería
y papelería bautizada como ¨Librería El
Glyptodon¨ en la ciudad de Buenos Aires, inicialmente
en una casona situada entre Rincón y Paso, y más
tarde trasladada a la calle Rivadavia, entre Ombú (actual
Pasteur) y Azcuénaga. En la trastienda de dicho comercio
el sabio continuó reuniendo materiales de estudio.
 
Sellos de la "Librería El Glyptodon" y de
la "Librería Rivadavia".
Su actuación en la Universidad de Córdoba
y en el Museo de La Plata
En 1884 escribió Filogenia donde dio cuenta de su
adición al evolucionismo, provocando un gran revuelo
en el ambiente científico nacional, a tal punto que
Mitre hizo referencia de esta obra en el diario La Nación
y la Universidad de Córdoba lo llamó a ocupar
la Cátedra de Zoología para poco después
otorgarle el título de doctor honoris causa. Su actuación
en Córdoba (1885-1886), aunque breve, fue muy eficaz.
Cumplió por entonces una doble función, la de
investigador y la de docente de una cátedra que casi
no tenía alumnos y carecía totalmente de infraestructura.
Colaboró en el Boletín de la Academia de Ciencias
desde el momento en que fue designado miembro de la Comisión
Directiva. Publicó allí sobre los nuevos hallazgos
de fósiles logrados por Scalabrini en Paraná
y un informe sobre el Museo Antropológico y Paleontológico
de la Universidad cordobesa, del que fue fundador.
El 8 de julio de 1886, por solicitud del fundador del Museo
de La Plata y por entonces director vitalicio Francisco Pascasio
Moreno (1852-1919), se designó a Florentino Ameghino
como subdirector y secretario de esa institución. El
sabio aportó su colección para enriquecer el
departamento de paleontología del nuevo museo, mientras
que su hermano Carlos tomó el puesto de naturalista
viajero y comenzó sus exploraciones por la Patagonia
donde realizó importantes descubrimientos. Pero esto
no duró más de un año, ya que ciertas
diferencias profesionales hicieron que Moreno exonerara al
sabio de su puesto oficial y le prohibiera terminantemente
la entrada al museo, censura que fue levantada recién
en 1904. Su paso por esta institución fue tan breve
que no llegó a publicar ni un solo trabajo en los Anales
o en la Revista. Ameghino que había abandonado su cátedra
en Córdoba por aceptar el cargo en el museo quedó
nuevamente en la calle. Dichas circunstancias explican claramente
la escasez de novedades científicas en sus publicaciones
durante 1888, las cuales se limitaron a rápidas diagnosis.
Al quedar sin trabajo y sin dinero para sus investigaciones
tuvo que recurrir a fundar nuevamente una librería,
esta vez en la ciudad de La Plata con el nombre de ¨Librería
Rivadavia¨, la cual se ubicó en la calle 60 número
795. Al tiempo que por tercera vez volvió a iniciar
una colección de fósiles.
Fue en 1889 cuando publicó, después de atravesar
grandes penurias y gracias al apoyo de la Academia de Ciencias
de Córdoba, su obra: Contribución al conocimiento
de los mamíferos fósiles de la República
Argentina, la cual era acompañada de un atlas. Esta
obra la escribió en tan solo 14 meses y le valió
una medalla de oro y diploma de honor en la Exposición
Universal de París de 1889 y reconocimientos similares
recibió en la Exposición de Chicago en 1892.
Durante ese período de alejamiento y de grandes dificultades
económicas, publicó más de la tercera
parte del total de sus trabajos.

Viaje al Chaco, 1885. Florentino Ameghino (izquierda),
Eduardo L. Holmberg (de pié), Federico Kurtz (el primero
de la derecha) y el gobernador del Chaco: Rosendo Fraga.
Fotografía tomada por Lucio Correa Morales.
Archivo General de la Nación.
En Buenos Aires se reunía a menudo con sus amigos
Estanislao S. Zevallos, Eduardo L. Holmberg (compañero
de aventuras en el viaje al Chaco) y Juan B. Ambrosetti (fundador
de nuestra arqueología), con el apoyo de los cuales
Ameghino buscó crear un movimiento a favor del estudio
de las ciencias y así lo hace, en 1891, fundó
la Revista Argentina de Historia Natural. A este emprendimiento
se sumaron otros estudiosos como Bodenbender, Lynch Arribálzaga
y Kurtz. Dicha empresa tuvo una vida muy corta, pero en los
seis números que fueron editados se reunieron interesantes
trabajos.
La Crónica Científica de Barcelona editó
algunos de sus trabajos y más tarde, en 1893, también
lo hicieron la Revue Scientifique, el American Narturalis
y la Revue Génerale des Sciences pures et apliquées.
Hacia 1892, Ameghino ofreció al Dr. Juan Balestra,
por ese entonces ministro de justicia e instrucción
pública, donar su colección al Estado a cambio
del cargo de director en el Museo Nacional, lo cual no se
concretó. Al año siguiente la revolución
radical exoneró a Moreno de la dirección del
Museo de La Plata y designó en su lugar a Ameghino,
pero la revolución fracasó y el sabio no llegó
a ocupar el cargo. Para subsanar el estancamiento de sus investigaciones
por la caótica situación económica tuvo
que sacrificar setenta piezas de su colección, las
cuales vendió al gran estudioso Zittel por cinco mil
francos, dichas piezas fueron destinadas a un museo en Munich.
Atravesando todo tipo de penurias publica, en 1894, su obra:
Enumération synoptique des espéces mamiféres
fossiles des formations éocénes de Patagonie.
En
1895 ofreció nuevamente sus colecciones, esta vez a
la provincia de Santa Fe, lo cual quedó solamente como
proyecto. Sin ninguna salida posible en el país dirigió
su mirada el exterior y se vio obligado a ofrecer al Museo
Británico una colección de aves fósiles
integrada por unas 380 piezas, por la cual recibió
una remuneración de 350 libras esterlinas. Esta actitud
jamás hubiera sido adoptada por el sabio si no fuera
por la necesidad de recaudar los fondos para continuar sus
investigaciones, ya que siempre primó en él
un interés puramente científico.
En el transcurso de 1895 Ameghino pudo publicar otra de sus
obras, en esa oportunidad sobre las aves fósiles de
la Patagonia y lo hizo en el Boletín del Instituto
Geográfico Argentino. También publicó
en el tercer tomo de la Revista del Jardín Zoológico,
(de la cual fue un gran colaborador desde su creación
en 1893), un profundo estudio sobre edentados fósiles
de Argentina, en la cual examinó críticamente
los resultados de Lydekker.
En 1896 aparecieron sus Notas sobre cuestiones de geología
y paleontología argentina (las cuales fueron reproducidas
a comienzos de 1897 en Geological Magazine por Smith Woodward,
quien le anexó sus observaciones). La Academia Nacional
de Ciencias de Córdoba le editó otro de sus
trabajos, que trató sobre la evolución de los
dientes en los mamíferos.
La Natural Science de Londres y la Revue Scientifique de
París se disputaron el honor de contar con su firma
y el Bulletin de la Société Geólogique
de France publicó, por interés de Gaudry, su
estudio sobre la causa del avance y retardo en el desarrollo
de los molares en mamíferos.
El 14 de febrero de 1897 al constituirse las autoridades
de la Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas
de la Universidad Platense fue designado vocal del Consejo
Académico y el 18 de abril del mismo año el
gobernador Udaondo declaró inaugurada dicha Universidad
e invitó a Ameghino a dictar la primera conferencia.
También fue tiempo más tarde vicedecano y académico
de la Facultad de Agronomía y Veterinaria.
En el transcurso del año 1897 propuso un cuadro general
de las migraciones de mamíferos fósiles desde
la Patagonia hacia el resto del mundo. Esa hipótesis
ha sido rechazada por la falta de evidencias que la sustenten.
En 1899 comenzó a colaborar con La Pirámide,
una publicación platense, y aparecieron así
sus tres famosos ensayos sobre Los infinitos. Su concepción
del Universo se fundamentó en la existencia de cuatro
infinitos: el infinito espacio, ocupado por el infinito materia,
en infinito movimiento, en sucesión del infinito tiempo.
Para 1900 el Boletín de la Academia Nacional de Ciencias
de Córdoba publicó sus notas preliminares sobre
ungulados y comienza la publicación de L´Age
des formations sédimentaires de Patagonie, la cual
se editó en distintas entregas hasta 1903. Esta última
obra fue reproducida por la Revue de Paléozologie.
Desde 1891 fue miembro correspondiente de la Sociedad Nacional
de Ciencias Naturales y Matemáticas de Cherburgo (Francia),
desde 1894 de la Sociedad Científica de Chile, desde
1898 de la Sociedad de Zoología de Londres, y desde
1903 miembro del Instituto Histórico y Geográfico
de San Pablo (Brasil). Fue también miembro activo de
la Junta de Historia y Numismática de Buenos Aires.
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Reconocimientos y últimos trabajos
Al comenzar el año lectivo de 1902, la Facultad de
Ciencias Físico-Matemáticas de la Universidad
de La Plata resolvió llamarlo a su seno para confiarle
la Cátedra de Mineralogía y Geología.
Poco tiempo después Joaquín V. Gonzalez, que
ocupaba el cargo de ministro de justicia e instrucción
pública, ofreció a Florentino Ameghino la dirección
del Museo Nacional, la cual estaba vacante tras la muerte
del entomólogo Dr. Carlos Berg. Durante sus nueve años
al frente del Museo, desde 1902 hasta su muerte en 1911, se
ingresaron a las colecciones setenta y un mil piezas y se
publicaron quince volúmenes de los Anales. Estas nominaciones
finalmente le dieron, al menos en parte, el reconocimiento
postergado durante tantos años. Le ofrecieron otros
diversos nombramientos: en 1904 como vocal del Primer Consejo
Directivo del Instituto Superior de Agronomía y Veterinaria
de Buenos Aires, al año siguiente como catedrático
titular de antropología en la Facultad de Filosofía
y Letras (cargo que no aceptó alegando su interés
en consagrarse por completo al Museo Nacional de Buenos Aires)
y en 1906 como jefe de sección y miembro del Consejo
Académico del Museo de La Plata y también profesor
de geología en dicha casa de altos estudios.
En 1906 aparece otra de sus obras de estirpe filosófica,
a la cual tituló: Mi Credo.
Desgraciadamente entre 1899 y 1903 el estado de salud de
Ameghino se tornó bastante crítico y en 1908
con la muerte de su esposa el gran sabio cayó en una
profunda depresión, de la cual nunca logró recuperarse.
Fuera de los congresos llevados a cabo en Francia, Italia
y Bélgica de los cuales participó en su juventud
y del llevado a cabo en Buenos Aires durante 1899, no había
participado de otros eventos. Pero durante 1909, su propio
prestigio lo obligó a participar en un congreso en
Santiago de Chile y del Congreso Internacional de Americanistas
que se reunió en Buenos Aires en el transcurso de 1910.
Los últimos tres años de su vida los dedicó,
casi exclusivamente, a los restos que él atribuyó
a los precursores del hombre. Bajo la orientación de
sus investigaciones a dicha temática aparecieron en
1907 sus Notas preliminares sobre el Tetraprothomo argentinus
y en 1909 Le Dipothomo platensis, un précurseur de
l´homme du pliocéne inférieur de B. Aires.
La publicación de su obra: La antigüedad del
hombre en la República Argentina, publicada en el tercer
tomo de la revista Atlántida y el trabajo editado por
el museo sobre la edad de las formaciones sedimentarias del
Terciario en la Argentina en relación al problema de
la antigüedad del hombre, anunciaron su despedida. No
obstante continuó trabajando y dejó prácticamente
concluido su trabajo sobre el origen poligénico del
lenguaje, que apareció hacia fines de 1911 en el noveno
tomo de los Archivos de Pedagogía y Ciencias Afines,
de la Universidad de La Plata, bajo la dirección de
Mercante.
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Un día en la vida de Ameguino
Florentino Ameghino, según su amigo Senet, solía
levantarse a las cinco de la mañana en verano y cerca
de las seis en invierno, se ponía a escribir hasta
casi las nueve, almorzaba y tomaba el tranvía hasta
la estación del ferrocarril, ubicada por entonces en
el actual Pasaje Dardo Rocha. Tomaba el tren de las nueve
y treinta y cinco. Mientras llegaba a Buenos Aires aprovechaba
para leer y corregir sus escritos. Una vez en la estación
Tres Esquinas tomaba el tranvía número once
que lo dejaba en el Museo Nacional. Trabajaba allí
entre las once y las diecisiete y quince. Regresando a la
ciudad de La Plata en el tren de las diecisiete treinta y
cinco. Cenaba y terminaba la jornada leyendo o escribiendo
desde las veintiuna y quince hasta las veinticuatro. Los domingos
escribía sin pausa. En una carta enviada a Ihering
en 1899 exponía: ¨Tiempo, tiempo, tiempo es lo
que me falta, voluntad me sobra¨. No visitaba a nadie,
no lo hacía para que no le devolvieran el gesto, porque
todo el tiempo lo dedicaba al trabajo. Nunca concurría
a un club, ni a una confitería, no asistía a
espectáculos deportivos y si alguna vez iba al teatro
era para acompañar a su amada esposa. Sólo así
puede explicarse como economizó su tiempo para concretar
una monumental obra.
Florentino fue un hombre de gabinete que amaba realizar sus
tareas en soledad, necesitó entonces de un colaborador
dedicado, que continuamente recorriera la Patagonia y sin
lugar a dudas lo halló en su hermano Carlos, doce años
menor que él. Sin Carlos los descubrimientos de Florentino
no hubiesen alcanzado los niveles a los que llegaron, por
lo cual es apropiado hablar de la Obra de Los Ameghino. Su
hermano también cumplió un papel protagónico
para la paleontología de vertebrados, viajando a los
más recónditos lugares del país y en
las condiciones más deplorables a la búsqueda
de nuevos hallazgos.
Últimos días de su vida
Al momento de su muerte, Florentino Ameghino se había
convertido en un paradigma, iluminando mediante sus conocimientos
a las generaciones venideras y proporcionando en su vida ejemplar
el modelo a seguir por hombres y mujeres de la ciencia argentina.
Su obra lo inmortalizó, publicó numerosos trabajos,
algunos de los cuales estaban integrados por cientos de páginas,
clasificó y organizó valiosas colecciones, redactó
cientos de anotaciones, apuntes y cartas a colegas, además
de sus tantas participaciones protagónicas en el seno
del ambiente científico de la época. Todo esto
logrado, mayormente, en la absoluta pobreza y marginación.
En lo que a las colecciones se refiere, Ameghino expuso en
una carta que dirigió a Moreno allá por 1881:
¨Los materiales que he recogido y los que tenga ocasión
de recoger más tarde, no me pertenecen, son de propiedad
de todos los que quieran estudiar. Quedan, pues, siempre a
su disposición, aunque sea para combatir algunas de
mis opiniones o corregir algunos de mis errores¨.
Dejó en evidencia una admirable visión de futuro
que mantuvo a lo largo de toda su vida y que le permitió
proyectar sus enseñanzas más allá de
su época. Demostró que su único interés
radicaba en la búsqueda de la verdad aunque en ocasiones
ésta no lo favoreciera. Así lo atestigua la
siguiente frase de su autoría: “Cambiaré
de opinión tantas veces y tan a menudo como adquiera
conocimientos nuevos, el día que me aperciba que mi
cerebro ha dejado de ser apto para esos cambios, dejaré
de trabajar. Compadezco de todo corazón a todos los
que después de haber adquirido y expresado una opinión,
no pueden abandonarla nunca más”.
En su domicilio particular de la ciudad de La Plata, situado
en calle 11 número 1344, esperó su muerte, la
cual aconteció el 6 de agosto de 1911 a las 8.20 horas.
Tres días antes de que el hecho sucediera el diario
La Reforma anunciaba que Ameghino había muerto, noticia
que el sabio tomó con humor. Su fallecimiento fue producto
de complicaciones resultantes de una diabetes, agravada por
su resistencia a ser intervenido quirúrgicamente, ni
siquiera aceptó la morfina, prefiriendo las punzadas
tan dolorosas de la gangrena. Fue tal su desinterés
por continuar viviendo que se opuso terminantemente a cualquier
tratamiento a tal punto que amenazó con suicidarse.
Dejó a un lado su propia salud para abocarse de lleno
a su labor de legar conocimientos, tal como lo hizo a lo largo
de toda una vida de privaciones y renunciamientos.
Al día siguiente de su fallecimiento, el 7 de agosto,
el gobierno de la provincia decretó: que la bandera
debía permanecer a media asta en los edificios públicos
de la provincia, que el ministro de gobierno debía
concurrir al sepelio en representación del poder ejecutivo
y que se enviaría una nota de condolencias a los deudos
del sabio por tan sensible fallecimiento que privó
a la Nación de una de las más ilustres personalidades
científicas.
Su entierro fue sumamente concurrido, a pesar de que el gobierno
no se manifestó a la altura de las circunstancias,
sí lo hicieron las Universidades de La Plata y de Buenos
Aires y las Sociedades Científicas. Sus restos se depositaron
en el Panteón de los Maestros e hicieron uso de la
palabra eminentes personalidades de la ciencia y la cultura
de la época como Eduardo L. Holmberg, Victor Mercante,
Juan B. Ambrosetti, José Ingenieros y otros. Merecen
la pena ser destacadas las palabras empleadas por José
Ingenieros en el discurso de despedida al sabio: "Muere
en él la tercera vida ejemplar de nuestra centuria,
Sarmiento, inagotable catarata de energía en las gloriosas
batallas de nuestra emancipación espiritual. Mitre,
que alcanzó la santidad de un semidios y fue consejero
de los pueblos. Ameghino, preclaro sembrador de altas verdades,
cosechadas a filo de hacha en la selva infinita de la naturaleza¨...
¨Tenía que ser un sabio argentino, porque ningún
otro de la superficie terrestre contiene una fauna fósil
comparable a la nuestra; tenía que ser de nuestro siglo,
porque antes le hubiese faltado el asidero de las doctrinas
darwinistas que le sirven de fundamento. No podía ser
antes de ahora, porque el clima intelectual del país
no era propicio a la obra antes de que la fecundara el genio
de Sarmiento; y tenía que ser Florentino Ameghino,
y ningún otro hombre de su tiempo, por varias razones.
¿Qué otro argentino hemos conocido, que reuniera
en tal alto grado su actitud para la observación y
el análisis, su capacidad para la síntesis y
la hipótesis, su resistencia para el enorme esfuerzo
prolongado durante tantos años, su desinterés
por todas las vanidades que hacen del hombre un funcionario,
pero matan al pensador?…".
A los tres días de su muerte, el 9 de agosto, el Ministerio
de Justicia e Instrucción Pública expidió
un proyecto de ley pidiendo al poder legislativo que autorizara
la construcción de un monumento conmemorativo de Ameghino,
en el cual citaba ¨Llegó de la nada a la cumbre
por sus propios esfuerzos¨ y el 18 de septiembre a las
8.45 horas se llevó a cabo el Funeral Civil en La Plata.
A fines de 1915, el por entonces director del Museo Nacional,
Dr. Angel Gallardo, solicitó al Gobierno la adquisición
de las colecciones, los manuscritos y la biblioteca del sabio
para dicha institución, a la cual Ameghino había
destinado los últimos años de su vida.
Sección
de Paleontología de Vertebrados del Museo Argentino
de Ciencias Naturales "Bernardino Rivadavia", donde
actualmente se encuentra gran parte de las colecciones reunidas
por Florentino y Carlos Ameghino. © A. Giacchino.
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Carlos Ameghino (1865-1936)
Florentino Ameghino era un hombre de gabinete que amaba realizar
sus tareas en soledad, necesitó entonces de un colaborador
dedicado, que continuamente recorriera la Patagonia. Sin lugar
a dudas lo halló en su hermano Carlos quien recorrió
esas áridas regiones desde 1887. Como dice Reig en
su trabajo sobre la Paleontología de Vertebrados en
la Argentina (1962) “...la empresa de Carlos Ameghino,
y las expediciones simultáneas de Roth, revistieron
contornos de epopeya, quizá sólo igualadas por
expediciones paleontológicas como la que Grange dirigió,
cinco lustros después, al Gobi y la Mongolia Interior”.
Foto de Carlos Ameghino en el año 1911. En la presente
fotografía
se basó Antonio Alice para pintar un cuadro al óleo
donde
aparece en reemplazo del rostro de Carlos el de su
hermano Florentino.
Sin Carlos la obra de Florentino no hubiese alcanzado los
niveles a los que llegó, por lo cual es apropiado hablar
de la Obra de Los Ameghino. Una obra monumental de innumerables
trabajos, valiosas colecciones, cientos de anotaciones, apuntes
y cartas a colegas, además de las tantas participaciones
protagónicas en el seno del ambiente científico
de la época. Todo esto logrado, mayormente, en la absoluta
pobreza. Florentino no tuvo discípulos directos, pero
su hermano Carlos, al frente de la Sección de Paleontología
del Museo Nacional (ver nota), y más tarde en la dirección
del mismo trasmitió el legado de su hermano y su propia
experiencia a una nueva generación a la que pertenecieron
Lucas Kraglievich, Alfredo Castellanos, Carlos Rusconi y Lorenzo
J. Parodi.
Carlos Ameghino nació en Luján, provincia de
Buenos Aires el 18 de junio de 1865 y recibió su primera
educación en esa misma localidad entre 1871 y 1876.
Desde un comienzo acompañó a su hermano Florentino
en las excursiones que éste realizaba por las márgenes
del río Luján y en 1885 ambos efectuaron un
viaje de exploración al Chaco.
Cuando el 8 de julio de 1886 se designó a Florentino
Ameghino como subdirector y secretario del Museo de La Plata,
su hermano Carlos tomó el puesto de naturalista viajero
y comenzó sus expediciones a la Patagonia. Fue así
como en el seno de la institución platense realizó
un primer viaje entre enero de 1887 y septiembre del mismo
año. Recorrió el río Santa Cruz y llegó
hasta el lago Argentino obteniendo importantes descubrimientos.
Un año después realizó un segundo viaje
para explorar la cuenca del Chubut. Por ciertas diferencias
que se generaron con Francisco Pascasio Moreno tanto Florentino
como Carlos se alejaron de sus respectivos cargos.
En octubre de 1889 Carlos realizó su tercer viaje
a Patagonia. Exploró Chubut y Santa Cruz, cruzó
el Alto Deseado, costeó el río Chico y recorrió
el Sehuen retornando en mayo de 1890.
Eran tantos los descubrimientos que se obtenían de
aquellas travesías por la árida meseta que Carlos
realizó nuevos viajes para explorar las barrancas de
la costa atlántica y Chubut. El cuarto lo llevó
a cabo entre octubre de 1893 y julio de 1894, el quinto entre
septiembre de 1894 y junio de 1895 y un sexto viaje entre
octubre de 1896 y junio de 1897. Entre 1900 y 1904 realizó
importantes hallazgos en las barrancas de Monte Hermoso, provincia
de Buenos Aires.
En sus campañas a la Patagonia organizó una
importante colección de moluscos fósiles con
la finalidad de que mediante su estudio (a cargo del sabio
Hermann von Ihering) se contribuyera a establecer una cronología
de las distintas formaciones en las que él había
trabajado. Así mismo también recolectó
información sobre las lenguas de los pampas, tehuelches
y araucanos, la cual fue utilizada por Dr. Roberto Lehmann-Nitsche.
Estas no fueron las únicas facetas poco conocidas de
Carlos, también armó un herbario con algunas
nuevas especies para el Dr. Carlos Spegazzini y una muestra
importante de paleobotánica para el Dr. Federico Kurtz.
El 26 de enero de 1903 y habiendo sido nombrado su hermano
Florentino director del Museo Nacional, ingresó a dicha
institución en carácter de naturalista viajero.
Carlos Rusconi (izquierda) y Carlos Ameghino (derecha). Fotografía
tomada en la última excursión paleontológica
que Carlos Ameghino realizó al río Luján,
el 20 de diciembre de 1931.
Cuando en 1911 falleció Florentino Ameghino, el Dr.
Angel Gallardo ocupó la dirección del museo
y le ofreció a Carlos la jefatura de la Sección
de Paleontología de Vertebrados. Más tarde lo
sucedió al Dr. Gallardo que se alejó del cargo
por la Presidencia del Consejo Nacional de Educación.
Estuvo al frente de la entidad hasta 1923, año en que
fue reemplazado por el Prof. Martín Doello Jurado.
Durante sus años de desempeño en el museo trabajó
intensamente en las barrancas de Miramar, provincia de Buenos
Aires.
Carlos tuvo que afrontar durante su juventud grandes privaciones
a tal punto que debió resignar su felicidad pues Florentino
le prohibió que se casara. Tuvo que esperar a la muerte
de su hermano mayor para contraer matrimonio con Ascencia
Merello Armanino, (prima por vía materna).
En 1927 el Colegio Nacional le otorgó, por ley y debido
a los servicios prestados al país, una jubilación
especial pues la que cobraba por entonces no le alcanzaba
para vivir dignamente. Carlos Ameghino publicó alrededor
de unos 26 trabajos y una serie de notas cortas. Falleció
el 12 de abril de 1936. Sus restos fueron depositados en la
bóveda Ameghino-Salas, en el cementerio del oeste de
la Capital Federal.
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