El jueves 17 de noviembre de 2011 a las 17 horas, se inaugurará oficialmente una de las salas del segundo piso de este Museo, destinada a homenajear el desarrollo de la ciencia en general y de las Ciencias Naturales en particular.
La muestra está armada en módulos previstos como unidades autónomas, pero responden a un relato general, accesible y de clara visualización, en donde se plantea el desarrollo de la ciencia como una batalla entre la luz y la oscuridad, entre el saber y la ignorancia, entre la independencia intelectual, moral y económica y la dependencia, entre el país para pocos y el país para muchos, federal y participativo.
Es un concepto iluminista, pero todos los museos, las enciclopedias y los centros de saber y enseñanza tienen esa marca de origen. Todos descendemos de Diderot y D’Alembert. Todos descendemos de Darwin.
La Argentina ha tenido y tiene un papel fundamental en el desarrollo de las ciencias. Nombres, hay muchos. Como Florentino Ameghino, uno de los investigadores más prestigiosos que dio la paleontología, quien junto a su hermano Carlos hicieron grandes aportes al conocimiento de los mamíferos, describiendo una cantidad enorme de especies fósiles y contribuyendo al estudio comparado de las faunas fósiles, lo que le permitió formular hipótesis sobre la migración de las especies a través de los continentes.
O el doctor Bernardo Houssay, paradigma de científico argentino, Premio Nobel de Medicina y Fisiología en 1947 por sus aportes al conocimiento de los procesos metabólicos de los carbohidratos en el organismo humano y su relación con la hipófisis. Fue fundador del Conicet y del Instituto de Medicina y Biología Experimental del que salió uno de sus discípulos más destacados, el doctor Luis Federico Leloir, médico y bioquímico, galardonado con el Premio Nobel de Química en 1970 por sus investigaciones sobre los nucleótidos del azúcar y el rol que cumplen en la fabricación de los hidratos de carbono.
Por ejemplo, si transitamos por la tercera década del siglo XIX, veremos en el piso un sendero de tres colores con mojones que señalarán hechos como la muerte de Fernando VII en España, la primera campaña argentina al desierto (Juan Manuel de Rosas), el viaje de exploración científica de Darwin y la exploración del río Negro (Descalzi), junto con hitos como el descubrimiento de la fotografía (Niepce), la electrólisis (Faraday), el telégrafo (Morse), la primera teoría celular (Schleiden y Schwann) y el primer cálculo de la velocidad de la luz (Fizeau).
De este modo, el visitante que va recorriendo la muestra podrá hacer una lectura “horizontal”, sumamente atractiva, de los hechos históricos y científicos.